Aprendizaje significativo: El desafío de la cultura digital

Escrito por Dr. David Mendoza Armas

Resumen

La cultura digital ha transformado las dinámicas educativas y laborales, acelerada por la pandemia de COVID-19, generando brechas cognitivas entre el mundo online y offline y dificultando el acceso confiable a la información. Las políticas públicas deben garantizar no solo la inclusión digital, sino también una alfabetización crítica que permita discernir información fiable. La cultura escolar tradicional se transforma hacia un modelo digital, donde los estudiantes son más activos en la creación de contenido. Sin embargo, la tecnología también amplía las diferencias en la capacidad de aprendizaje digital. La pandemia ha intensificado cambios en los hábitos tecnológicos, desdibujando las fronteras entre vida personal y profesional, creando un “colapso de contextos” que afecta tanto a estudiantes como a trabajadores. Es necesario adoptar una dieta digital crítica para seleccionar información útil en un entorno saturado, especialmente ante el auge de vídeos cortos y el contenido generado por inteligencia artificial. Aunque la conectividad global permite acceso a diversas perspectivas, también fomenta una lectura fragmentada. La educación digital debe enfocarse en desarrollar pensamiento crítico y preparar a los estudiantes para discernir información útil en un entorno donde la información no es neutra, promoviendo conexiones significativas sin alejarse de su entorno inmediato.

Palabras clave: Cultura escolar, inclusión digital, brechas cognitivas, alfabetización crítica, sobrecarga informativa, redes sociales, inteligencia artificial.

Abstract: Digital culture has transformed educational and work dynamics, accelerated by the COVID-19 pandemic, generating cognitive gaps between the online and offline worlds and complicating reliable access to information. Public policies should ensure not only digital inclusion but also critical literacy to help discern trustworthy information. Traditional school culture is shifting toward a digital model, where students take a more active role in content creation. However, technology also widens differences in digital learning capacity. The pandemic has intensified changes in technological habits, blurring the boundaries between personal and professional life, creating a “collapse of contexts” that affects both students and workers. A critical digital diet is necessary to select useful information in an oversaturated environment, especially with the rise of short videos and AI-generated content. Although global connectivity provides access to diverse perspectives, it also promotes fragmented reading. Digital education should focus on developing critical thinking and preparing students to discern valuable information in a digital environment where information is not neutral, fostering meaningful connections without distancing them from their immediate surroundings.

Introducción

La cultura digital ha transformado de manera radical las dinámicas educativas y laborales, impulsada por un acceso cada vez mayor a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Este cambio fue acelerado por la pandemia de COVID-19, lo que ha generado nuevas formas de interacción social, evidenciando tensiones y brechas cognitivas. La relación entre lo “online” y lo “offline”, el trabajo del conocimiento, y el acceso a la información plantean desafíos sobre cómo las políticas públicas pueden incluir a más personas en el entorno digital sin dejar de considerar las limitaciones y riesgos. A lo largo de este artículo, se analizan aspectos clave como la cultura escolar, la inclusión digital, las brechas cognitivas, y la necesidad de una alfabetización crítica frente a la sobrecarga informativa, particularmente en un contexto donde las redes sociales y la inteligencia artificial (IA) juegan un papel cada vez más relevante.

Cultura escolar y digital: nuevos paradigmas

La “cultura escolar” ha sido tradicionalmente un espacio de formación enciclopédica, donde el conocimiento se transmitía de manera jerárquica y secuencial. Sin embargo, la “cultura digital” ha irrumpido en los sistemas educativos, proponiendo un enfoque distinto en el que los estudiantes ya no son solo receptores pasivos de información, sino también productores de contenido en plataformas digitales. Los sistemas educativos deben adaptarse, ponderando más allá de lo tradicional para formar a estudiantes con capacidades digitales que les permitan no solo consumir información, sino también crear y participar activamente en un ecosistema digital cada vez más complejo.

“Las políticas públicas” tienen un papel crucial en la inclusión de acceso a las tecnologías, pero también en garantizar que la introducción de la cultura digital en la educación esté acompañada de contención de contenidos y de una alfabetización crítica. En este sentido, el acceso no puede ser meramente técnico; debe contemplar un acompañamiento en la enseñanza de las capacidades cognitivas para discriminar la información veraz de la “basura cognitiva”.

El acceso a las tecnologías ha sido un tema clave en el desarrollo de “políticas públicas”. A través de diversas iniciativas, se busca disminuir la brecha digital, permitiendo que más personas puedan integrarse al uso de herramientas digitales, especialmente en áreas vulnerables. Sin embargo, esta inclusión no es solo cuestión de conectividad; se requiere un enfoque integral que contemple tanto el “acceso físico” a dispositivos y conexión a internet como la “alfabetización digital”. Las políticas públicas no deben únicamente enfocarse en proporcionar acceso, sino en acompañar este acceso con programas de capacitación que desarrollen las capacidades digitales necesarias para enfrentar el actual entorno de sobrecarga informativa. El programa “Be Real”, por ejemplo, surge como una iniciativa para explorar formas menos cosméticas de interactuar en la red, promoviendo un uso más genuino de las plataformas digitales. Este tipo de iniciativas, aunque valiosas, deben estar acompañadas por políticas educativas que permitan a los usuarios desarrollar competencias críticas para navegar en la red, donde la información no es neutra y es necesario aprender a seleccionar lo relevante de lo superfluo.

Desarrollo

La “brecha digital” no se limita únicamente a la falta de acceso a dispositivos tecnológicos o internet; también incluye una “brecha cognitiva” que se manifiesta en la capacidad de las personas para utilizar eficazmente estas herramientas. En los contextos educativos, el uso de la tecnología puede aumentar las “brechas cognitivas” entre aquellos estudiantes que tienen habilidades avanzadas en el uso de herramientas digitales y aquellos que no. La pandemia, al obligar la implementación del “aprendizaje remoto”, ha dejado en evidencia que, si bien esta modalidad es vista por algunos como sinónimo de libertad, para otros significa una mayor dificultad debido a la falta de competencias digitales adecuadas. En este contexto, la lectura digital se ha vuelto “hiperfragmentada”, lo que afecta la capacidad de los estudiantes para realizar una lectura profunda y reflexiva. La exposición constante a contenido breve y fragmentado en redes sociales y plataformas digitales ha debilitado la capacidad de concentrarse en textos más largos y complejos, lo que resulta en una comprensión superficial de los temas.

La pandemia ha acelerado los cambios en los hábitos de uso de la tecnología, creando nuevas tensiones en la forma en que las personas administran su vida online y offline. La constante conexión digital, exacerbada por las circunstancias pandémicas, ha generado un “colapso de contextos”, donde las fronteras entre el trabajo, la vida personal, el ocio y el estudio se desdibujan. Los “trabajadores del conocimiento” han sido especialmente afectados, ya que, si bien el trabajo remoto les ha otorgado una mayor flexibilidad, también ha significado una vigilancia constante por parte de los empleadores, creando una sensación de “libertad bajo control”. Este fenómeno no solo afecta a los trabajadores, sino también a los estudiantes, quienes han tenido que gestionar su vida académica y personal en un mismo espacio virtual. El aprendizaje remoto ha sido tanto una bendición como un desafío, ya que mientras algunos lo ven como una oportunidad para gestionar mejor su tiempo, otros lo perciben como una fuente de estrés debido a la sobrecarga digital y la falta de interacción personal.

La necesidad de una dieta digital crítica

El acceso a la información hoy es casi ilimitado, pero esto no garantiza una mejora en el aprendizaje o en la calidad de la información consumida. Es necesario adoptar una “dieta digital” que permita discriminar entre información valiosa y “basura cognitiva”. En un entorno digital sobresaturado de contenido, muchas veces la calidad de la información es sacrificada en favor de la cantidad. Cada vez más personas optan por consumir “menos texto y más videos”, lo que reduce la capacidad de realizar una reflexión profunda sobre los temas.

La “inteligencia artificial” ha comenzado a jugar un papel clave en la creación y distribución de contenido. Las IA pueden decodificar texto y convertirlo en imágenes o resúmenes; si bien esto facilita la comprensión, también plantea preguntas sobre cómo estas tecnologías impactan en la capacidad humana para realizar análisis críticos. A pesar de la masiva conectividad, las redes sociales no tienen una correlación directa con el aprendizaje verdadero. La “lectura digital” a través de redes sociales tiende a ser fragmentada y dispersa, lo que fomenta la superficialidad en el análisis y comprensión.

Lo anterior contrasta con la “lectura profunda”, más romántica y filosófica, que exige un esfuerzo mental y una conexión emocional con el contenido. Para que el aprendizaje en entornos digitales sea significativo, es necesario acompañar el acceso a la tecnología con programas educativos que fomenten una “conciencia crítica” sobre las limitaciones y peligros del uso indiscriminado de la red. Los sistemas educativos deben moverse más allá de la enseñanza enciclopédica y fomentar una pedagogía que prepare a los estudiantes para un mundo donde la “información no es neutra” y donde la capacidad de “seleccionar” información veraz es una habilidad crucial.

Conclusión

Pensar más allá de lo tradicional

El entusiasmo por los grandes movimientos tecnológicos y los discursos sobre la conectividad global a menudo ocultan los desafíos y tensiones que estos cambios generan. Si bien la “conexión global” permite que las personas se comuniquen con quienes están lejos, también provoca que se alejen de los más cercanos. Es necesario explorar formas menos cosméticas de navegar por la red, siendo conscientes de que no todo acceso a la información genera aprendizaje significativo. En este sentido, cuando educamos en el contexto digital, debemos pensar más allá de lo tradicional y fomentar un pensamiento crítico que acompañe el acceso a la información con la capacidad de seleccionarla, analizarla y utilizarla de manera efectiva. Solo así podremos enfrentar de manera adecuada los desafíos que la cultura digital presenta en el ámbito educativo y laboral.

Referencias

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